TAILANDIA, UN DESTINO PARA REPETIR

Tailandia  UN DESTINO

para repetir.

Si todavía estás decidiendo a dónde escaparte este verano, quizá este post te ayude a inspirarte.

Los países asiáticos siempre me han atraído por su cultura, sus paisajes, su gastronomía y, sobre todo, por su gente. Después del viaje a Japón, tenía claro que el siguiente destino tenía que combinar lo mejor del turismo activo con momentos de puro relax. Y ahí apareció Tailandia, un país que lo tiene todo: historia, templos impresionantes, ciudades vibrantes y playas paradisíacas.

Nuestro viaje, organizado al detalle

Todos los viajes que hacemos los organizamos nosotros, de principio a fin.

Empezamos a planificar en enero: elegimos destinos, buscamos vuelos, rutas, hoteles… Y algo muy importante: siempre nos informamos sobre la cultura y las costumbres locales para respetar cada lugar que visitamos. No solo viajamos, tratamos de integrarnos, aprender y vivir la experiencia de forma consciente.

Primera parada: Bangkok

Pasamos cuatro días en Bangkok. Nos alojamos en un hotel con piscina infinita en la última planta, desde donde las vistas nocturnas de la ciudad iluminada son simplemente espectaculares.

Entre las visitas imprescindibles están:

  • El Gran Palacio
  • El Templo del Buda Esmeralda
  • Wat Pho
  • Wat Arun

Un consejo: para acceder a los templos es obligatorio cubrirse las rodillas y los hombros, tanto para hombres como para mujeres. Si te pilla desprevenido, siempre puedes comprar los típicos pantalones de elefantes en la entrada.

Moverse por Bangkok es fácil. Puedes coger un tuk-tuk (más caro, pero parte de la experiencia), aunque nosotros preferimos usar Grab (el Uber asiático) con una tarjeta de datos que compramos antes del viaje. Es cómodo, rápido y fiable.

Una visita que no puedes perderte es Chinatown: neones, puestos callejeros, tiendas, masajes y un ambiente único.

También recomendamos hacer las excursiones al mercado flotante y al mercado sobre las vías del tren. Nosotros las contratamos online antes del viaje, igual que la entrada para ver el atardecer desde la torre Mahanakhon SkyWalk. Ver cómo se encienden las luces de Bangkok desde las alturas es una experiencia que no tiene precio.

Y sí, fuimos a los famosos centros comerciales de la ciudad, donde puedes encontrar todo tipo de copias: ropa, bolsos, electrónica… Aunque no compré nada (sí, lo sé… ¡de otro planeta!).

 

Chiang Mai: historia, templos y relax

El quinto día volamos a Chiang Mai, donde pasamos tres días. Todos los vuelos internos y desplazamientos los reservamos con antelación.

Nos alojamos en el hotel 99 The Heritage, que fue una sorpresa maravillosa: flores en la recepción, un patio interior con cascadas, vegetación y luces, y habitaciones con acceso directo a la piscina. Está justo al inicio del casco antiguo, una ubicación perfecta.

Tuvimos la suerte de llegar justo cuando se organizaba el Night Bazaar, el mercado nocturno con puestos callejeros, comida y música.

Por las mañanas visitábamos templos como Wat Phan On o Wat Chedi Luang, y por las tardes nos entregábamos al placer de los masajes tailandeses. En Chiang Mai hay muchísimos centros, y por la tarde están siempre llenos.

También hicimos una excursión a un santuario de elefantes, algo que recomendamos hacer con mucho cuidado: es fundamental que el lugar respete y proteja a los animales.

 

Visitamos una cafetería muy popular por su decoración con cascadas y vegetación. Pero, sinceramente, nos pareció prescindible: demasiados “instagramers” por metro cuadrado.

 

Chiang Rai: templos de otro mundo

 

Desde Chiang Mai cogimos un bus (muy cómodo, por cierto) hacia Chiang Rai, en un trayecto de unas 3 horas y 20 minutos.

Allí visitamos el increíble Templo Blanco (Wat Rong Khun), que es diferente a todo lo que hayas visto, y el precioso Templo Azul (Wat Rong Seua Ten). También hay otros lugares interesantes como el Wat Huay Pla Kang o el Museo Casa Negra, aunque no nos dio tiempo en un solo día.

 

Regresamos a Chiang Mai y desde allí tomamos un vuelo interno hacia nuestro siguiente paraíso: la isla de Koh Samui.

Koh Samui: sol, mar y descanso

 

Llegamos por la tarde-noche a nuestra villa, y no podíamos esperar al amanecer para descubrir dónde estábamos. Las vistas desde la cama fueron un espectáculo.

Alquilamos un coche para recorrer la isla y disfrutar de sus múltiples playas, mercados, beach clubs y espectáculos de fuego al anochecer.

También puedes hacer excursiones a otras islas o visitar el Parque Nacional Mu Ko Ang Thong, con playas vírgenes de ensueño.

 

Estuvimos cuatro días con amigos, y después nos quedamos una semana más solos, alojándonos en un resort increíble en una zona tranquila. Las playas eran casi desiertas, un auténtico regalo. Las mañanas eran de relax, y por las tardes seguíamos explorando cada rincón de la isla.

Si buscas calma, te dejo como consejo final: elige bien la zona del resort. Koh Samui está llena de rincones mágicos, playas preciosas y templos coloridos que te sorprenderán.

Nosotros estuvimos alojados en la playa de Maenam Beach, pero otra zona que exploramos y me encanto es Choengmon Beach.

¿Y el clima?

Fuimos en agosto, que en teoría es temporada de monzones. Pero tuvimos suerte: solo llovió un par de noches, y durante el día disfrutamos del sol casi a diario.

En esta época muchos evitan Phuket o Krabi por la mayor probabilidad de lluvias, así que apostamos por Koh Samui, que está en el golfo de Tailandia… ¡y acertamos!

Eso sí, me quedé con ganas de conocer esa otra zona del país. Pero será en la próxima aventura.

¿Te animas a descubrir Tailandia?

En destacados de Instagram tienes la ruta completa con videos incluidos. 🙂

Instagram @edyta_interiorismo

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